
¿ES REALMENTE MEJOR EL PESCADO FRESCO QUE EL CONGELADO?
Es una pregunta que a menudo nos formulamos. Es evidente que el fresco goza
de mucho más prestigio que el congelado. Pero ¿existen razones nutricionales que
justifiquen una valoración tan distinta?
Desde el punto de vista nutricional, podrían encontrarse algunas diferencias entre el
pescado fresco y el congelado pero a pesar de ello tanto uno como otro son una excelente
fuente de proteínas de elevado valor biológico y de buena digestibilidad, y poseen una
fracción grasa, más o menos abundante, según la especie de pescado, pero siempre
cardiosaludable.
El proceso de congelación y sobre todo, el mantenimiento del pescado en este estado
produce un cambio en la estructura física de las proteínas. Este cambio, aunque no afecta
al valor nutritivo, si modifica, sin embargo, la capacidad de las proteínas para retener agua,
parte de la cual se pierde en el proceso de la descongelación y arrastra con ella algunos
nutrientes (vitaminas del grupo B y minerales).
Estas posibles pérdidas pueden, sin embargo, minimizarse si se cocina el pescado sin
descongelar de modo que los componentes que se perderían pasan al jugo de cocción,
que en muchas recetas, por ejemplo en el pescado en salsa o sopas, también se acabará
consumiendo.
A las pequeñas diferencias existentes en el valor nutritivo pueden también añadirse algunas
diferencias en cuanto al sabor, olor y sobre todo a la estructura del pescado. La fracción grasa
del pescado se enrancia ( se oxida ) con facilidad, y este proceso también se produce en condi-
ciones de congelación. Esta es una de las razones por las que no existe en el mercado una oferta
significativa de pescado azul (rico en grasa insaturada) congelado. La oxidación puede modificar el
el color y el sabor y, además, acelerar e intensificar la pérdida de agua de las proteínas, característica
del pescado congelado, lo cual se traduce, tras la cocción, en una textura distinta y menos jugosa que
la del pescado fresco.
Además muchos de los compuestos que contribuyen al sabor y olor característicos del pescado son
solubles en agua y pueden perderse en la descongelación previa al cocinado. Todo ello justifica
las diferencias gastronómicas que muchos consumidores, aún no siendo gourmets, encuentran entre
los dos tipos de pescado y muy concretamente en algunas especies, ya que el proceso no afecta por
igual a cualquier pescado. Por norma general se aprecian mayores diferencias en la merluza, por ejemplo,
que en el rape.
Sin embargo no podemos negarle algunas ventajas al pescado congelado. La congelación en alta mar
ha permitido la llegada a nuestras costas, en condiciones óptimas para el consumo, de pescados capturados en
caladeros muy alejados, especies que en el pasado que sólo nos llegaban en forma de salazones y que hoy
podemos disfrutar al natural. Además el pescado congelado se presenta en muchas ocasiones sin piel ni
espinas y listo para ser cocinado, cualidades muyh apreciadas por el consumidor actual.
El pescado congelado nos ayuda a tener mejor abastecida nuestra cocina sin tener que acudir con demasiada
frecuencia a la pescadería.
Según las encuestas cada vez un mayor número de consumidores se decantan por esta opción, de pescado congelado.
Fuente: Sabemos lo que comemos? Dra. M. Teresa Veciana. N.


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